En estos momentos de incertidumbre política y económica , cuando el estado a traves del gobierno y otras instituciones interviene cada vez más en la vida de los individuos , restringiendo su libertad día a día en aras de un supuesto " bien común" , queremos contribuir desde este blog a difundir los principios del liberalismo , cada vez más necesarios para conservar la libertad y la iniciativa como ciudadanos.

lunes, 15 de noviembre de 2021

Más latín y menos imbéciles - Arturo Pérez-Reverte


 En tiempos de Franco, un ministro llamado José Solís –natural de Cabra, en Córdoba– dijo en las Cortes: «Menos latín y más deporte; porque ¿para qué sirve hoy el latín?»; a lo que el catedrático de filosofía Adolfo Muñoz Alonso respondió: «Sirve para que a ustedes, los de Cabra, los llamen egabrenses y no otra cosa». La anécdota es muy conocida; pero está de más actualidad que nunca, con la enésima ofensiva de la gentuza que gobierna o ha gobernado, que esta vez es final y de exterminio contra la enseñanza escolar de las lenguas clásicas. Nada tiene que ver con ideologías de izquierda o derecha, pues todos los gobiernos españoles desde hace sesenta años, sin excepción, han clavado a martillazos la tapa del ataúd con el que de modo tan imbécil se entierran las claves de lo que somos y podríamos ser: la civilización europea con su cultura, sus leyes, sus derechos y su libertad de pensamiento. El código que permite interpretar el mundo en que vivimos.

El último disparate mortal es el anteproyecto de la nueva ley orgánica que modificará la de Educación. Por primera vez desde 1857, desaparece cualquier referencia a las asignaturas de Latín y Griego. La materia de Cultura Clásica, que descafeína y diluye el asunto, sólo se menciona como optativa, pero acompañada de tantas otras como deseen las autoridades –importante, tratándose del multiputiferio educativo español– de las diferentes comunidades autónomas. Lo que, en la práctica, significa que verdes las van a segar. Calculen ustedes si ante el estudio del silbo gomero o la sobrasada mallorquina el Latín o el Griego van a tener alguna posibilidad; y más en esta España secular y gozosamente inculta, en la que hace casi un par de siglos aquel palurdo del artículo de Larra decía que lo dejaran de gramáticas, que le bastaba con la gramática parda.

Las razones de este disparate al que nadie pone límites no es asunto mío relatarlas, y tampoco sirve de nada hacerlo. El hecho actual es que la educación escolar en España, que en conocimiento del mundo clásico y humanidades consiste en textos cada vez más infantilizados que insultan la inteligencia de alumnos y padres, lleva décadas dirigida no por profesores, sino por sociólogos y pedagogos que enseñan a los profesores a enseñar. Y hay pedagogos excelentes, pero también otros que practican un nocivo fanatismo igualitario. Lo que tiene su intríngulis paradójico si consideramos que en la antigüedad griega, de donde procede el término, el pedagogo (paidagogos) era el esclavo encargado de llevar los niños a la escuela y el maestro (megas, didáskalos, magister) quien les enseñaba.

La superstición numérica en que vivimos, que incluye separar las ciencias de las humanidades y enfrentarlas entre sí, es la carcoma que roe las bases culturales de nuestra civilización. Un alumno español puede pasar su vida académica sin saber quiénes son Homero y Virgilio –y tampoco, que ésa es otra, Noé, Judith, Moisés o Jesús–; y lo que es aún más triste, sin que le importe un carajo. Puede ser un fenómeno –palabra de origen griego– en matemáticas sin saber que esa materia se llama así porque viene del griego mathema, que significa conocimiento, como del griego vienen tecnología, física, megas o gigas. Puede ser un fan (del latín fanaticus) de El Señor de los Anillos sin saber que lo del anillo que vuelve invisible y poderoso ya lo contaban Heródoto y Platón. Puede ser un portento (latín, portentus) jugando Fortnite o sabiéndose de memoria Juego de Tronos, ignorando que fue Homero quien fijó las raíces de ese fascinante mundo.

Cualquier joven que se enfrente a la realidad de la vida en sus peores y en sus mejores aspectos, sobre todo cuando llegan tiempos duros, necesita un Newton y un Darwin; pero también un Virgilio, un Sófocles, un Ovidio, un Cervantes que lo protejan. Sin ellos será incapaz de interpretar en su totalidad el paisaje hostil por el que se mueve el ser humano. En ellos encontrará soluciones o, al menos, explicaciones y consuelo. Que no es poco. Si las Humanidades mueren, condenaremos a ese joven a verse más perdido, más indefenso y más solo en los combates que la vida le hará librar. Por eso es tan importante que pese a los políticos ruines y analfabetos, a los padres apáticos, a la sociedad estúpida que los abandona e ignora, los profesores (latín, professor), los maestros, no se rindan en sus particulares y actuales Termópilas. Que los que aún creen en la lucha heroica, aunque ésta sea oscura, incomprendida, sigan dispuestos a morir matando persas, aunque luego la fama se la lleven los 300 hoplitas espartanos, y ellos sólo sean los 700 tespios, los 400 tebanos o los centenares de ilotas que, habiendo podido huir aquel día, decidieron caer con Leónidas, y de los que nadie se acuerda.

Fuente :  www.zendalibros.com

n tiempos de Franco, un ministro llamado José Solís —natural de Cabra, en Córdoba— dijo en las Cortes: “Menos latín y más deporte; porque ¿para qué sirve hoy el latín?”; a lo que el catedrático de filosofía Adolfo Muñoz Alonso respondió: “Sirve para que a ustedes, los de Cabra, los llamen egabrenses y no otra cosa”. La anécdota es muy conocida; pero está de más actualidad que nunca, con la enésima ofensiva de la gentuza que gobierna o ha gobernado, que esta vez es final y de exterminio contra la enseñanza escolar de las lenguas clásicas. Nada tiene que ver con ideologías de izquierda o derecha, pues todos los gobiernos españoles desde hace sesenta años, sin excepción, han clavado a martillazos la tapa del ataúd con el que de modo tan imbécil se entierran las claves de lo que somos y podríamos ser: la civilización europea con su cultura, sus armas, sus leyes y su libertad de pensamiento. El código que permite interpretar el mundo en que vivimos. https://www.milenio.com/opinion/arturo-perez-reverte/escrito-en-espana/mas-latin-y-menos-imbeciles?fbclid=IwAR38dyBtXh5z1xFznBDGtfdtFn9nVZbG2e7tfDb2njIkF6y6P-TJGpUJAME
n tiempos de Franco, un ministro llamado José Solís —natural de Cabra, en Córdoba— dijo en las Cortes: “Menos latín y más deporte; porque ¿para qué sirve hoy el latín?”; a lo que el catedrático de filosofía Adolfo Muñoz Alonso respondió: “Sirve para que a ustedes, los de Cabra, los llamen egabrenses y no otra cosa”. La anécdota es muy conocida; pero está de más actualidad que nunca, con la enésima ofensiva de la gentuza que gobierna o ha gobernado, que esta vez es final y de exterminio contra la enseñanza escolar de las lenguas clásicas. Nada tiene que ver con ideologías de izquierda o derecha, pues todos los gobiernos españoles desde hace sesenta años, sin excepción, han clavado a martillazos la tapa del ataúd con el que de modo tan imbécil se entierran las claves de lo que somos y podríamos ser: la civilización europea con su cultura, sus armas, sus leyes y su libertad de pensamiento. El código que permite interpretar el mundo en que vivimos. El último disparate mortal es el anteproyecto de la nueva ley orgánica que modificará la de Educación en España. Por primera vez desde 1857, desaparece cualquier referencia a las asignaturas de Latín y Griego. La materia de Cultura Clásica, que descafeína y diluye el asunto, solo se menciona como optativa, pero acompañada de tantas otras como deseen —importante, tratándose del multiputiferio educativo español— las autoridades de las diferentes comunidades autónomas. Lo que, en la práctica, significa que verdes las van a segar. Calculen ustedes si ante el estudio del silbo gomero o la sobrasada mallorquina el Latín o el Griego van a tener alguna posibilidad. Y más en esta España secular y gozosamente inculta, en la que hace casi un par de siglos aquel palurdo del artículo de Larra decía que lo dejaran de gramáticas, que le bastaba con la gramática parda. Las razones de este disparate al que nadie pone límites no es asunto mío relatarlas, y tampoco sirve de nada hacerlo. El hecho actual es que la educación escolar en España, que en conocimiento del mundo clásico y humanidades consiste en textos cada vez más infantilizados que insultan la inteligencia de alumnos y padres, lleva décadas dirigida no por profesores, sino por sociólogos y pedagogos que enseñan a los profesores a enseñar. Y hay pedagogos excelentes, pero también otros que practican un nocivo fanatismo igualitario. Lo que tiene su intríngulis paradójico si consideramos que en la antigüedad griega, de donde procede el término, el pedagogo (paidagogos) era el esclavo encargado de llevar los niños a la escuela y el maestro (megas, didáskalos, magister) quien les enseñaba. La superstición numérica en que vivimos, que incluye separar las ciencias de las humanidades y enfrentarlas entre sí, es la carcoma que roe las bases culturales de nuestra civilización. Un alumno español puede pasar su vida académica sin saber quiénes son Homero y Virgilio —y tampoco, que ésa es otra, Noé, Judith, Moisés o Jesús—; y lo que es aún más triste, sin que le importe un carajo. Puede ser un fenómeno —palabra de origen griego— en matemáticas sin saber que esa materia se llama así porque viene del griego mathema, que significa conocimiento, como del griego vienen tecnología, física, megas o gigas. Puede ser un fan (del latín fanaticus) de El señor de los anillos sin saber que lo del anillo que vuelve invisible y poderoso ya lo contaban Heródoto y Platón. Puede ser un portento (latín, portentus) jugando Fortnite o sabiéndose de memoria Juego de tronos, ignorando que fue Homero quien fijó las raíces de ese fascinante mundo. Cualquier joven que se enfrente a la realidad de la vida en sus peores y en sus mejores aspectos, sobre todo cuando llegan tiempos duros, necesita un Newton y un Darwin; pero también un Virgilio, un Sófocles, un Ovidio, un Cervantes que lo protejan. Sin ellos será incapaz de interpretar en su totalidad el paisaje hostil por el que se mueve el ser humano. En ellos encontrará soluciones o, al menos, explicaciones y consuelo. Que no es poco. Si las Humanidades mueren, condenaremos a ese joven a verse más perdido, más indefenso y más solo en los combates que la vida le hará librar. Por eso es tan importante que pese a los políticos ruines y analfabetos, a los padres apáticos, a la sociedad estúpida que los abandona e ignora, los profesores (latín, professor), los maestros, no se rindan en sus particulares y actuales Termópilas. Que los que aún creen en la lucha heroica, aunque ésta sea oscura, incomprendida, sigan dispuestos a morir matando persas, aunque luego la fama se la lleven los 300 hoplitas espartanos, y ellos solo sean los 700 tespios, los 400 tebanos o los centenares de ilotas que, habiendo podido huir aquel día, decidieron caer con Leónidas, y de los que nadie se acuerda. * Miembro de la Real Academia Española n tiempos de Franco, un ministro llamado José Solís —natural de Cabra, en Córdoba— dijo en las Cortes: “Menos latín y más deporte; porque ¿para qué sirve hoy el latín?”; a lo que el catedrático de filosofía Adolfo Muñoz Alonso respondió: “Sirve para que a ustedes, los de Cabra, los llamen egabrenses y no otra cosa”. La anécdota es muy conocida; pero está de más actualidad que nunca, con la enésima ofensiva de la gentuza que gobierna o ha gobernado, que esta vez es final y de exterminio contra la enseñanza escolar de las lenguas clásicas. Nada tiene que ver con ideologías de izquierda o derecha, pues todos los gobiernos españoles desde hace sesenta años, sin excepción, han clavado a martillazos la tapa del ataúd con el que de modo tan imbécil se entierran las claves de lo que somos y podríamos ser: la civilización europea con su cultura, sus armas, sus leyes y su libertad de pensamiento. El código que permite interpretar el mundo en que vivimos. El último disparate mortal es el anteproyecto de la nueva ley orgánica que modificará la de Educación en España. Por primera vez desde 1857, desaparece cualquier referencia a las asignaturas de Latín y Griego. La materia de Cultura Clásica, que descafeína y diluye el asunto, solo se menciona como optativa, pero acompañada de tantas otras como deseen —importante, tratándose del multiputiferio educativo español— las autoridades de las diferentes comunidades autónomas. Lo que, en la práctica, significa que verdes las van a segar. Calculen ustedes si ante el estudio del silbo gomero o la sobrasada mallorquina el Latín o el Griego van a tener alguna posibilidad. Y más en esta España secular y gozosamente inculta, en la que hace casi un par de siglos aquel palurdo del artículo de Larra decía que lo dejaran de gramáticas, que le bastaba con la gramática parda. Las razones de este disparate al que nadie pone límites no es asunto mío relatarlas, y tampoco sirve de nada hacerlo. El hecho actual es que la educación escolar en España, que en conocimiento del mundo clásico y humanidades consiste en textos cada vez más infantilizados que insultan la inteligencia de alumnos y padres, lleva décadas dirigida no por profesores, sino por sociólogos y pedagogos que enseñan a los profesores a enseñar. Y hay pedagogos excelentes, pero también otros que practican un nocivo fanatismo igualitario. Lo que tiene su intríngulis paradójico si consideramos que en la antigüedad griega, de donde procede el término, el pedagogo (paidagogos) era el esclavo encargado de llevar los niños a la escuela y el maestro (megas, didáskalos, magister) quien les enseñaba. La superstición numérica en que vivimos, que incluye separar las ciencias de las humanidades y enfrentarlas entre sí, es la carcoma que roe las bases culturales de nuestra civilización. Un alumno español puede pasar su vida académica sin saber quiénes son Homero y Virgilio —y tampoco, que ésa es otra, Noé, Judith, Moisés o Jesús—; y lo que es aún más triste, sin que le importe un carajo. Puede ser un fenómeno —palabra de origen griego— en matemáticas sin saber que esa materia se llama así porque viene del griego mathema, que significa conocimiento, como del griego vienen tecnología, física, megas o gigas. Puede ser un fan (del latín fanaticus) de El señor de los anillos sin saber que lo del anillo que vuelve invisible y poderoso ya lo contaban Heródoto y Platón. Puede ser un portento (latín, portentus) jugando Fortnite o sabiéndose de memoria Juego de tronos, ignorando que fue Homero quien fijó las raíces de ese fascinante mundo. Cualquier joven que se enfrente a la realidad de la vida en sus peores y en sus mejores aspectos, sobre todo cuando llegan tiempos duros, necesita un Newton y un Darwin; pero también un Virgilio, un Sófocles, un Ovidio, un Cervantes que lo protejan. Sin ellos será incapaz de interpretar en su totalidad el paisaje hostil por el que se mueve el ser humano. En ellos encontrará soluciones o, al menos, explicaciones y consuelo. Que no es poco. Si las Humanidades mueren, condenaremos a ese joven a verse más perdido, más indefenso y más solo en los combates que la vida le hará librar. Por eso es tan importante que pese a los políticos ruines y analfabetos, a los padres apáticos, a la sociedad estúpida que los abandona e ignora, los profesores (latín, professor), los maestros, no se rindan en sus particulares y actuales Termópilas. Que los que aún creen en la lucha heroica, aunque ésta sea oscura, incomprendida, sigan dispuestos a morir matando persas, aunque luego la fama se la lleven los 300 hoplitas espartanos, y ellos solo sean los 700 tespios, los 400 tebanos o los centenares de ilotas que, habiendo podido huir aquel día, decidieron caer con Leónidas, y de los que nadie se acuerda. * Miembro de la Real Academia Española Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables. 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n tiempos de Franco, un ministro llamado José Solís —natural de Cabra, en Córdoba— dijo en las Cortes: “Menos latín y más deporte; porque ¿para qué sirve hoy el latín?”; a lo que el catedrático de filosofía Adolfo Muñoz Alonso respondió: “Sirve para que a ustedes, los de Cabra, los llamen egabrenses y no otra cosa”. La anécdota es muy conocida; pero está de más actualidad que nunca, con la enésima ofensiva de la gentuza que gobierna o ha gobernado, que esta vez es final y de exterminio contra la enseñanza escolar de las lenguas clásicas. Nada tiene que ver con ideologías de izquierda o derecha, pues todos los gobiernos españoles desde hace sesenta años, sin excepción, han clavado a martillazos la tapa del ataúd con el que de modo tan imbécil se entierran las claves de lo que somos y podríamos ser: la civilización europea con su cultura, sus armas, sus leyes y su libertad de pensamiento. El código que permite interpretar el mundo en que vivimos. El último disparate mortal es el anteproyecto de la nueva ley orgánica que modificará la de Educación en España. Por primera vez desde 1857, desaparece cualquier referencia a las asignaturas de Latín y Griego. La materia de Cultura Clásica, que descafeína y diluye el asunto, solo se menciona como optativa, pero acompañada de tantas otras como deseen —importante, tratándose del multiputiferio educativo español— las autoridades de las diferentes comunidades autónomas. Lo que, en la práctica, significa que verdes las van a segar. Calculen ustedes si ante el estudio del silbo gomero o la sobrasada mallorquina el Latín o el Griego van a tener alguna posibilidad. Y más en esta España secular y gozosamente inculta, en la que hace casi un par de siglos aquel palurdo del artículo de Larra decía que lo dejaran de gramáticas, que le bastaba con la gramática parda. Las razones de este disparate al que nadie pone límites no es asunto mío relatarlas, y tampoco sirve de nada hacerlo. El hecho actual es que la educación escolar en España, que en conocimiento del mundo clásico y humanidades consiste en textos cada vez más infantilizados que insultan la inteligencia de alumnos y padres, lleva décadas dirigida no por profesores, sino por sociólogos y pedagogos que enseñan a los profesores a enseñar. Y hay pedagogos excelentes, pero también otros que practican un nocivo fanatismo igualitario. Lo que tiene su intríngulis paradójico si consideramos que en la antigüedad griega, de donde procede el término, el pedagogo (paidagogos) era el esclavo encargado de llevar los niños a la escuela y el maestro (megas, didáskalos, magister) quien les enseñaba. La superstición numérica en que vivimos, que incluye separar las ciencias de las humanidades y enfrentarlas entre sí, es la carcoma que roe las bases culturales de nuestra civilización. Un alumno español puede pasar su vida académica sin saber quiénes son Homero y Virgilio —y tampoco, que ésa es otra, Noé, Judith, Moisés o Jesús—; y lo que es aún más triste, sin que le importe un carajo. Puede ser un fenómeno —palabra de origen griego— en matemáticas sin saber que esa materia se llama así porque viene del griego mathema, que significa conocimiento, como del griego vienen tecnología, física, megas o gigas. Puede ser un fan (del latín fanaticus) de El señor de los anillos sin saber que lo del anillo que vuelve invisible y poderoso ya lo contaban Heródoto y Platón. Puede ser un portento (latín, portentus) jugando Fortnite o sabiéndose de memoria Juego de tronos, ignorando que fue Homero quien fijó las raíces de ese fascinante mundo. Cualquier joven que se enfrente a la realidad de la vida en sus peores y en sus mejores aspectos, sobre todo cuando llegan tiempos duros, necesita un Newton y un Darwin; pero también un Virgilio, un Sófocles, un Ovidio, un Cervantes que lo protejan. Sin ellos será incapaz de interpretar en su totalidad el paisaje hostil por el que se mueve el ser humano. En ellos encontrará soluciones o, al menos, explicaciones y consuelo. Que no es poco. Si las Humanidades mueren, condenaremos a ese joven a verse más perdido, más indefenso y más solo en los combates que la vida le hará librar. Por eso es tan importante que pese a los políticos ruines y analfabetos, a los padres apáticos, a la sociedad estúpida que los abandona e ignora, los profesores (latín, professor), los maestros, no se rindan en sus particulares y actuales Termópilas. Que los que aún creen en la lucha heroica, aunque ésta sea oscura, incomprendida, sigan dispuestos a morir matando persas, aunque luego la fama se la lleven los 300 hoplitas espartanos, y ellos solo sean los 700 tespios, los 400 tebanos o los centenares de ilotas que, habiendo podido huir aquel día, decidieron caer con Leónidas, y de los que nadie se acuerda. * Miembro de la Real Academia Española n tiempos de Franco, un ministro llamado José Solís —natural de Cabra, en Córdoba— dijo en las Cortes: “Menos latín y más deporte; porque ¿para qué sirve hoy el latín?”; a lo que el catedrático de filosofía Adolfo Muñoz Alonso respondió: “Sirve para que a ustedes, los de Cabra, los llamen egabrenses y no otra cosa”. La anécdota es muy conocida; pero está de más actualidad que nunca, con la enésima ofensiva de la gentuza que gobierna o ha gobernado, que esta vez es final y de exterminio contra la enseñanza escolar de las lenguas clásicas. Nada tiene que ver con ideologías de izquierda o derecha, pues todos los gobiernos españoles desde hace sesenta años, sin excepción, han clavado a martillazos la tapa del ataúd con el que de modo tan imbécil se entierran las claves de lo que somos y podríamos ser: la civilización europea con su cultura, sus armas, sus leyes y su libertad de pensamiento. El código que permite interpretar el mundo en que vivimos. El último disparate mortal es el anteproyecto de la nueva ley orgánica que modificará la de Educación en España. Por primera vez desde 1857, desaparece cualquier referencia a las asignaturas de Latín y Griego. La materia de Cultura Clásica, que descafeína y diluye el asunto, solo se menciona como optativa, pero acompañada de tantas otras como deseen —importante, tratándose del multiputiferio educativo español— las autoridades de las diferentes comunidades autónomas. Lo que, en la práctica, significa que verdes las van a segar. Calculen ustedes si ante el estudio del silbo gomero o la sobrasada mallorquina el Latín o el Griego van a tener alguna posibilidad. Y más en esta España secular y gozosamente inculta, en la que hace casi un par de siglos aquel palurdo del artículo de Larra decía que lo dejaran de gramáticas, que le bastaba con la gramática parda. Las razones de este disparate al que nadie pone límites no es asunto mío relatarlas, y tampoco sirve de nada hacerlo. El hecho actual es que la educación escolar en España, que en conocimiento del mundo clásico y humanidades consiste en textos cada vez más infantilizados que insultan la inteligencia de alumnos y padres, lleva décadas dirigida no por profesores, sino por sociólogos y pedagogos que enseñan a los profesores a enseñar. Y hay pedagogos excelentes, pero también otros que practican un nocivo fanatismo igualitario. Lo que tiene su intríngulis paradójico si consideramos que en la antigüedad griega, de donde procede el término, el pedagogo (paidagogos) era el esclavo encargado de llevar los niños a la escuela y el maestro (megas, didáskalos, magister) quien les enseñaba. La superstición numérica en que vivimos, que incluye separar las ciencias de las humanidades y enfrentarlas entre sí, es la carcoma que roe las bases culturales de nuestra civilización. Un alumno español puede pasar su vida académica sin saber quiénes son Homero y Virgilio —y tampoco, que ésa es otra, Noé, Judith, Moisés o Jesús—; y lo que es aún más triste, sin que le importe un carajo. Puede ser un fenómeno —palabra de origen griego— en matemáticas sin saber que esa materia se llama así porque viene del griego mathema, que significa conocimiento, como del griego vienen tecnología, física, megas o gigas. Puede ser un fan (del latín fanaticus) de El señor de los anillos sin saber que lo del anillo que vuelve invisible y poderoso ya lo contaban Heródoto y Platón. Puede ser un portento (latín, portentus) jugando Fortnite o sabiéndose de memoria Juego de tronos, ignorando que fue Homero quien fijó las raíces de ese fascinante mundo. Cualquier joven que se enfrente a la realidad de la vida en sus peores y en sus mejores aspectos, sobre todo cuando llegan tiempos duros, necesita un Newton y un Darwin; pero también un Virgilio, un Sófocles, un Ovidio, un Cervantes que lo protejan. Sin ellos será incapaz de interpretar en su totalidad el paisaje hostil por el que se mueve el ser humano. En ellos encontrará soluciones o, al menos, explicaciones y consuelo. Que no es poco. Si las Humanidades mueren, condenaremos a ese joven a verse más perdido, más indefenso y más solo en los combates que la vida le hará librar. Por eso es tan importante que pese a los políticos ruines y analfabetos, a los padres apáticos, a la sociedad estúpida que los abandona e ignora, los profesores (latín, professor), los maestros, no se rindan en sus particulares y actuales Termópilas. Que los que aún creen en la lucha heroica, aunque ésta sea oscura, incomprendida, sigan dispuestos a morir matando persas, aunque luego la fama se la lleven los 300 hoplitas espartanos, y ellos solo sean los 700 tespios, los 400 tebanos o los centenares de ilotas que, habiendo podido huir aquel día, decidieron caer con Leónidas, y de los que nadie se acuerda. * Miembro de la Real Academia Española Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables. 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n tiempos de Franco, un ministro llamado José Solís —natural de Cabra, en Córdoba— dijo en las Cortes: “Menos latín y más deporte; porque ¿para qué sirve hoy el latín?”; a lo que el catedrático de filosofía Adolfo Muñoz Alonso respondió: “Sirve para que a ustedes, los de Cabra, los llamen egabrenses y no otra cosa”. La anécdota es muy conocida; pero está de más actualidad que nunca, con la enésima ofensiva de la gentuza que gobierna o ha gobernado, que esta vez es final y de exterminio contra la enseñanza escolar de las lenguas clásicas. Nada tiene que ver con ideologías de izquierda o derecha, pues todos los gobiernos españoles desde hace sesenta años, sin excepción, han clavado a martillazos la tapa del ataúd con el que de modo tan imbécil se entierran las claves de lo que somos y podríamos ser: la civilización europea con su cultura, sus armas, sus leyes y su libertad de pensamiento. El código que permite interpretar el mundo en que vivimos. El último disparate mortal es el anteproyecto de la nueva ley orgánica que modificará la de Educación en España. Por primera vez desde 1857, desaparece cualquier referencia a las asignaturas de Latín y Griego. La materia de Cultura Clásica, que descafeína y diluye el asunto, solo se menciona como optativa, pero acompañada de tantas otras como deseen —importante, tratándose del multiputiferio educativo español— las autoridades de las diferentes comunidades autónomas. Lo que, en la práctica, significa que verdes las van a segar. Calculen ustedes si ante el estudio del silbo gomero o la sobrasada mallorquina el Latín o el Griego van a tener alguna posibilidad. Y más en esta España secular y gozosamente inculta, en la que hace casi un par de siglos aquel palurdo del artículo de Larra decía que lo dejaran de gramáticas, que le bastaba con la gramática parda. Las razones de este disparate al que nadie pone límites no es asunto mío relatarlas, y tampoco sirve de nada hacerlo. El hecho actual es que la educación escolar en España, que en conocimiento del mundo clásico y humanidades consiste en textos cada vez más infantilizados que insultan la inteligencia de alumnos y padres, lleva décadas dirigida no por profesores, sino por sociólogos y pedagogos que enseñan a los profesores a enseñar. Y hay pedagogos excelentes, pero también otros que practican un nocivo fanatismo igualitario. Lo que tiene su intríngulis paradójico si consideramos que en la antigüedad griega, de donde procede el término, el pedagogo (paidagogos) era el esclavo encargado de llevar los niños a la escuela y el maestro (megas, didáskalos, magister) quien les enseñaba. La superstición numérica en que vivimos, que incluye separar las ciencias de las humanidades y enfrentarlas entre sí, es la carcoma que roe las bases culturales de nuestra civilización. Un alumno español puede pasar su vida académica sin saber quiénes son Homero y Virgilio —y tampoco, que ésa es otra, Noé, Judith, Moisés o Jesús—; y lo que es aún más triste, sin que le importe un carajo. Puede ser un fenómeno —palabra de origen griego— en matemáticas sin saber que esa materia se llama así porque viene del griego mathema, que significa conocimiento, como del griego vienen tecnología, física, megas o gigas. Puede ser un fan (del latín fanaticus) de El señor de los anillos sin saber que lo del anillo que vuelve invisible y poderoso ya lo contaban Heródoto y Platón. Puede ser un portento (latín, portentus) jugando Fortnite o sabiéndose de memoria Juego de tronos, ignorando que fue Homero quien fijó las raíces de ese fascinante mundo. Cualquier joven que se enfrente a la realidad de la vida en sus peores y en sus mejores aspectos, sobre todo cuando llegan tiempos duros, necesita un Newton y un Darwin; pero también un Virgilio, un Sófocles, un Ovidio, un Cervantes que lo protejan. Sin ellos será incapaz de interpretar en su totalidad el paisaje hostil por el que se mueve el ser humano. En ellos encontrará soluciones o, al menos, explicaciones y consuelo. Que no es poco. Si las Humanidades mueren, condenaremos a ese joven a verse más perdido, más indefenso y más solo en los combates que la vida le hará librar. Por eso es tan importante que pese a los políticos ruines y analfabetos, a los padres apáticos, a la sociedad estúpida que los abandona e ignora, los profesores (latín, professor), los maestros, no se rindan en sus particulares y actuales Termópilas. Que los que aún creen en la lucha heroica, aunque ésta sea oscura, incomprendida, sigan dispuestos a morir matando persas, aunque luego la fama se la lleven los 300 hoplitas espartanos, y ellos solo sean los 700 tespios, los 400 tebanos o los centenares de ilotas que, habiendo podido huir aquel día, decidieron caer con Leónidas, y de los que nadie se acuerda. * Miembro de la Real Academia Española Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables. https://www.milenio.com/opinion/arturo-perez-reverte/escrito-en-espana/mas-latin-y-menos-imbeciles?fbclid=IwAR38dyBtXh5z1xFznBDGtfdtFn9nVZbG2e7tfDb2njIkF6y6P-TJGpUJAME
n tiempos de Franco, un ministro llamado José Solís —natural de Cabra, en Córdoba— dijo en las Cortes: “Menos latín y más deporte; porque ¿para qué sirve hoy el latín?”; a lo que el catedrático de filosofía Adolfo Muñoz Alonso respondió: “Sirve para que a ustedes, los de Cabra, los llamen egabrenses y no otra cosa”. La anécdota es muy conocida; pero está de más actualidad que nunca, con la enésima ofensiva de la gentuza que gobierna o ha gobernado, que esta vez es final y de exterminio contra la enseñanza escolar de las lenguas clásicas. Nada tiene que ver con ideologías de izquierda o derecha, pues todos los gobiernos españoles desde hace sesenta años, sin excepción, han clavado a martillazos la tapa del ataúd con el que de modo tan imbécil se entierran las claves de lo que somos y podríamos ser: la civilización europea con su cultura, sus armas, sus leyes y su libertad de pensamiento. El código que permite interpretar el mundo en que vivimos. El último disparate mortal es el anteproyecto de la nueva ley orgánica que modificará la de Educación en España. Por primera vez desde 1857, desaparece cualquier referencia a las asignaturas de Latín y Griego. La materia de Cultura Clásica, que descafeína y diluye el asunto, solo se menciona como optativa, pero acompañada de tantas otras como deseen —importante, tratándose del multiputiferio educativo español— las autoridades de las diferentes comunidades autónomas. Lo que, en la práctica, significa que verdes las van a segar. Calculen ustedes si ante el estudio del silbo gomero o la sobrasada mallorquina el Latín o el Griego van a tener alguna posibilidad. Y más en esta España secular y gozosamente inculta, en la que hace casi un par de siglos aquel palurdo del artículo de Larra decía que lo dejaran de gramáticas, que le bastaba con la gramática parda. Las razones de este disparate al que nadie pone límites no es asunto mío relatarlas, y tampoco sirve de nada hacerlo. El hecho actual es que la educación escolar en España, que en conocimiento del mundo clásico y humanidades consiste en textos cada vez más infantilizados que insultan la inteligencia de alumnos y padres, lleva décadas dirigida no por profesores, sino por sociólogos y pedagogos que enseñan a los profesores a enseñar. Y hay pedagogos excelentes, pero también otros que practican un nocivo fanatismo igualitario. Lo que tiene su intríngulis paradójico si consideramos que en la antigüedad griega, de donde procede el término, el pedagogo (paidagogos) era el esclavo encargado de llevar los niños a la escuela y el maestro (megas, didáskalos, magister) quien les enseñaba. La superstición numérica en que vivimos, que incluye separar las ciencias de las humanidades y enfrentarlas entre sí, es la carcoma que roe las bases culturales de nuestra civilización. Un alumno español puede pasar su vida académica sin saber quiénes son Homero y Virgilio —y tampoco, que ésa es otra, Noé, Judith, Moisés o Jesús—; y lo que es aún más triste, sin que le importe un carajo. Puede ser un fenómeno —palabra de origen griego— en matemáticas sin saber que esa materia se llama así porque viene del griego mathema, que significa conocimiento, como del griego vienen tecnología, física, megas o gigas. Puede ser un fan (del latín fanaticus) de El señor de los anillos sin saber que lo del anillo que vuelve invisible y poderoso ya lo contaban Heródoto y Platón. Puede ser un portento (latín, portentus) jugando Fortnite o sabiéndose de memoria Juego de tronos, ignorando que fue Homero quien fijó las raíces de ese fascinante mundo. Cualquier joven que se enfrente a la realidad de la vida en sus peores y en sus mejores aspectos, sobre todo cuando llegan tiempos duros, necesita un Newton y un Darwin; pero también un Virgilio, un Sófocles, un Ovidio, un Cervantes que lo protejan. Sin ellos será incapaz de interpretar en su totalidad el paisaje hostil por el que se mueve el ser humano. En ellos encontrará soluciones o, al menos, explicaciones y consuelo. Que no es poco. Si las Humanidades mueren, condenaremos a ese joven a verse más perdido, más indefenso y más solo en los combates que la vida le hará librar. Por eso es tan importante que pese a los políticos ruines y analfabetos, a los padres apáticos, a la sociedad estúpida que los abandona e ignora, los profesores (latín, professor), los maestros, no se rindan en sus particulares y actuales Termópilas. Que los que aún creen en la lucha heroica, aunque ésta sea oscura, incomprendida, sigan dispuestos a morir matando persas, aunque luego la fama se la lleven los 300 hoplitas espartanos, y ellos solo sean los 700 tespios, los 400 tebanos o los centenares de ilotas que, habiendo podido huir aquel día, decidieron caer con Leónidas, y de los que nadie se acuerda. * Miembro de la Real Academia Española Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables. https://www.milenio.com/opinion/arturo-perez-reverte/escrito-en-espana/mas-latin-y-menos-imbeciles?fbclid=IwAR38dyBtXh5z1xFznBDGtfdtFn9nVZbG2e7tfDb2njIkF6y6P-TJGpUJAME

"Las grandes corporaciones quieren 'hackear' a la humanidad" - Yuval Noah Harari Historiador y filósofo israelí.

                                               Yuval Noah Harari Historiador y filósofo israelí.

 Este historiador y filósofo levanta expectación. Ha conseguido algo nunca visto. Vender 35 millones de libros, traducidos a 65 idiomas, con sesudas reflexiones sobre el ser humano y su papel en el mundo. Hablamos con él en busca de respuestas ante una explosión tecnológica plagada de promesas... y peligros. 

Si tengo algún superpoder, es el de ver las cosas como son en realidad», dice Yuval Noah Harari (Israel, 45 años), que ha afinado esa visión de rayos X con años de meditación para no distraerse con el ruido mental y centrarse en lo importante. Este historiador y filósofo social que se atrevió a contar el pasado de la humanidad en Sapiens, el futuro en Homo Deus y el presente en 21 lecciones para el siglo 21 se ha convertido en un fenómeno editorial. Ahora publica Los pilares de la civilización, el segundo volumen de Sapiens. Una historia gráfica (Debate), una adaptación al cómic de su texto más ambicioso, que sigue batiendo récords. «Estamos en la década más crítica de la historia», asegura Harari, quien considera que el destino del ser humano está en juego.


XLSemanal. Durante la crisis, escuchábamos a los economistas y, ahora, los filósofos se han puesto de moda. ¿Son ustedes los nuevos gurús?

Yuval Noah Harari. ¡Espero que sí! Necesitamos a los filósofos más que nunca porque muchas de las preguntas filosóficas, que antes eran puramente teóricas, ahora se han convertido en cuestiones de ingeniería práctica. Un coche autónomo debe tomar decisiones éticas. El famoso dilema de si atropellas a un niño o te estrellas contra un camión que viene de frente...

XL. ¿Y estamos por la labor de reflexionar?

Y.N.H. La mayoría de la gente no se embarca en un viaje serio de autoexploración porque descubres muchas cosas que no te gustan sobre ti mismo. Pero, ahora, la tecnología nos está obligando a hacer esta búsqueda espiritual. Pagaremos caro si no la hacemos.

«Es peor sentirse inútil que estar explotado. En el siglo XX, un obrero podía ir a la huelga. Ahora, con la automatización, los obreros son prescindibles. Ir a la huelga, ¿para qué? Si nadie te necesita...»

XL. ¿Por qué?

Y.N.H. Porque estamos inmersos en una carrera por 'hackear' a la humanidad en general y a ti en particular. Y debes hacer el esfuerzo de estar un paso por delante de tus competidores: de las grandes corporaciones, de los gobiernos. Para ganar, debes conocerte a ti mismo mejor que ellos a ti.

XL. La biotecnología también nos plantea cuestiones peliagudas...

Y.N.H. Sin duda. ¿Hasta qué punto podemos modificar el cuerpo y la mente con ingeniería genética, o con cirugía, o con una interfaz cerebro-computadora? Pero las preguntas de fondo son las de siempre: ¿qué significa ser una persona?, ¿qué cualidades humanas son valiosas? Los filósofos han reflexionado sobre estas cuestiones durante miles de años, sin demasiada repercusión en la práctica, porque nadie tenía la tecnología para reinventar al ser humano. Ahora empezamos a tenerla.

XL. ¿Les haremos caso a los filósofos?

Y.N.H. Espero que las compañías y los gobiernos les presten atención, pero también a los poetas, a los artistas... Porque los ingenieros, a veces, pueden ser muy ingenuos o estar desinformados sobre las consecuencias de lo que hacen. Si dejas que una compañía o un ejército decida cómo rediseñar al ser humano, lo más probable es que potencien las cualidades que a ellos les vienen bien, como la productividad o la disciplina, y desprecien otras, como la sensibilidad y la compasión. Y el resultado será que tendremos gente muy inteligente y disciplinada, pero superficial y espiritualmente pobre. Y esto no va a mejorar al ser humano, sino a degradarlo.

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Entre la exposición de una ‘celebritie’ y el retiro monacal. Harari vive en Israel y lo hace al margen de las redes sociales y 'desaparece' dos meses al año en un retiro espiritual. No obstante, confiesa que conoció a su marido, Itzik, gracias a una aplicación para citas. Eso sí, allá por 2010.

XL. ¿Cree que existe un alto riesgo de que la tecnología nos haga miserables?

Y.N.H. Sí. Estamos viendo como surgen nuevas maneras de organizar el mundo a través de la tecnología de vigilancia. Los chinos están probando herramientas para algo que podría convertirse en el peor sistema que ha existido jamás en la historia. Y, además, puede ser exportado a todo el mundo, como un pack. Incluso países que no tienen la tecnología para crear un sistema de vigilancia pueden comprarla a China. Así que el peligro es global.

XL. Pero en Occidente ya se ejerce ese espionaje de nuestros datos, aunque sea para vendernos productos y servicios...

Y.N.H. Sí, es verdad, lo mismo se puede decir del capitalismo de vigilancia que vemos en Estados Unidos y que también se exporta al resto del mundo. Espero que encontremos una tercera vía porque ambos sistemas son muy dañinos no solo para la supervivencia de la democracia, sino para los valores humanos y el desarrollo mismo de las personas.

XL. ¿Puede describir el proceso por el que la tecnología devalúa al ser humano?

Y.N.H. Le pondré un ejemplo. Cuando pensamos en las posibilidades actuales de la ingeniería genética, deberíamos recordar que hemos estado criando vacas y cerdos durante miles de años. Los hemos domesticado buscando las cualidades que nos interesaban: que den más leche, que sean más obedientes... Y el resultado es que los animales domésticos no son una mejora de sus ancestros salvajes, sino un pálido reflejo de lo que eran. Y lo mismo puede sucederles a los humanos.

«El poder y la riqueza se concentran en China y Estados Unidos. Europa unida debería convertirse en un contrapoder. Ningún país europeo solo puede competir con Google, Baidu, Tencent, Facebook...»

XL. Ya, pero que intenten domesticarnos no es nuevo...

Y.N.H. Sí que hay algo nuevo. Antes casi toda la información que se reunía sobre ti estaba fuera de tu piel: qué compras, dónde vas, lo que ves... Ahora hay herramientas que pueden recopilar lo que sucede en tu corazón y en tu cerebro. Y no hablo de tecnologías invasivas, como implantes. Una pulsera que mide tu ritmo cardíaco o cámaras que observan tu cara son muy buenas ya para inferir tu estado emocional. Y, en manos de un estado totalitario, pueden ser muy peligrosas. Imagine que Corea del Norte obliga a sus ciudadanos a llevar una pulsera biométrica. Entras en una habitación y hay una foto de Kim Jong-un y el brazalete capta los signos de ira porque tiene acceso a tu cerebro. Son muy malas noticias para ti.

XL. ¿Somos fáciles de manipular?

Y.N.H. No es tan sencillo. Los gobiernos siempre han querido hacerlo, pero no podían porque no solo necesitan información, sino capacidad para analizarla. Si un país tiene cien millones de habitantes, hacían falta cien millones de espías para seguir sus pasos. Y, aunque los tuvieran y alguien anotase todo lo que digo, se producirían cien millones de informes diarios. Nadie podría leerlos. Pero ahora es posible seguir a todas las personas durante las 24 horas. Tenemos al espía en la mano: el móvil... Y, por primera vez en la historia, se puede analizar esa información con inteligencia artificial. Ni tu madre te conoce mejor que el algoritmo.

XL. Usted afirma que somos muy malos tomando decisiones. Si el algoritmo nos conoce tan bien como para sugerirnos una serie o elegirnos pareja y, además, acierta más que nosotros, ¿qué hay de malo?

Y.N.H. En principio, nada. Es una cuestión de qué tipo de decisiones les dejamos a las máquinas. Y quién controla a estas. Por ejemplo, meto mi dinero en un fondo de pensiones, pero no quiero que ese dinero vaya a parar a empresas que contribuyan al cambio climático. No tengo tiempo para estar mirando dónde invierte ese fondo, pero la inteligencia artificial sí que puede. Me parece bien, porque me está ayudando a cumplir mis objetivos. El potencial para lo bueno está ahí y la tecnología puede mejorar la atención sanitaria, psicológica... El problema es que la mayoría de los datos que se recopilan de cada uno de nosotros se usan para manipularnos. Por ejemplo, se entrena al algoritmo para que identifique a jóvenes con baja autoestima y enviarles anuncios de dietas.

«La economía global es compleja; resulta difícil entender que un magnate del otro lado del mundo sea responsable de lo que te está pasando a ti. Es más fácil culpar a los inmigrantes»

XL. ¿Nos está robando el algoritmo nuestro derecho a equivocarnos y aprender de nuestros errores?

Y.N.H. No necesariamente. Un algoritmo que recomienda música aprenderá las canciones que nos gustan, pero también se puede ajustar para que nos sugiera nuevos estilos. Depende de cómo se diseñe. Un cuchillo puede tener forma de daga o de bisturí. Uno sirve para matar y otro para salvar vidas. Si no tiene otra cosa, un cirujano también puede usar una daga, pero le va a resultar más difícil operar con ella. Una de las elecciones más importantes a la hora de diseñar algoritmos es si se crean para que gobiernos y compañías vigilen a la gente o viceversa, para que nosotros los vigilemos. Hoy solo se hace en una dirección. Ellos saben mucho de nosotros y nosotros, casi nada de ellos.

XL. En resumen, el algoritmo quiere saber cómo somos, pero nosotros somos poco dados a reflexionar.

Y.N.H. Muchas veces la verdad es dolorosa y complicada y preferimos ignorarla. Eso sucede a nivel individual. Se ha demostrado que la mayoría piensa que conduce mejor que la media, lo cual es matemáticamente imposible. Pero también sucede a nivel colectivo: los políticos que le cuentan a la gente la verdad sobre su país pierden las elecciones. Sucede en Israel, en España, en Estados Unidos...

XL. Si te sientes abandonado por el sistema, votas a quien te da esperanzas, no a quien te dice que te va a ser muy difícil encontrar trabajo.

Y.N.H. Además, es peor sentirse inútil que explotado. En el siglo XX, si eras un obrero en una fábrica, había una gran compañía que intentaba que trabajases más horas. La lucha de los movimientos sociales se organiza para contrarrestar esto. Si ibas a la huelga, la economía colapsaba. Tenías cierto poder porque eras necesario.

XL. ¿Y ahora no?

Y.N.H. Lo que estamos viendo con la nueva economía del siglo XXI es que la automatización destruye un montón de empleos y crea otros nuevos, pero esos nuevos empleos demandan altos niveles de destreza y mucha gente no va a poder hacer esa transición. No le puedes pedir a un conductor que se recicle en diseñador de videojuegos. No estará explotado, pero será prescindible. Y esto es mucho más peligroso. No te sirve de nada ir a la huelga, ¿para qué? Si nadie te necesita...

«La verdad es dolorosa y complicada y preferimos ignorarla. Los políticos que cuentan la verdad pierden las elecciones. Pasa en Estados Unidos, en España...»

XL. Usted señala que esa frustración se proyecta sobre las minorías y no sobre las élites que se han enriquecido hasta niveles nunca vistos. ¿Por qué no le pedimos cuentas a Jeff Bezos o Elon Musk?

Y.N.H. Porque la economía global es compleja. Es muy difícil entender cómo funciona el sistema, las relaciones de causa y efecto. Durante la Revolución francesa, los campesinos sabían que el aristócrata del castillo cercano los estaba explotando, así que pedían su cabeza. Pero era fácil ver la conexión. Ahora es muy difícil hacer responsable a un magnate del otro extremo del mundo de lo que te está pasando a ti. Es más fácil culpar a los inmigrantes.

XL. ¿Es inevitable que una parte importante de la humanidad acabe siendo 'clase inútil'?

Y.N.H. No creo. Antes aprendías una profesión de joven y ya te valía. Pero hará falta reeducar a los trabajadores cada década, más o menos. Esto va a requerir enormes inversiones en educación. Algunos países tendrán recursos; otros no. ¿Y qué va a pasar cuando ni siquiera puedan ofrecer mano de obra barata porque será más barato volver a producir en Estados Unidos? Colapsarán.

XL. ¿Podemos escapar de ese futuro?

Y.N.H. No es algo que esté determinado, pero existe un gran riesgo. Además, vamos hacia un nuevo colonialismo. Durante la mayor parte de la historia hemos tenido esta clase de relación entre la metrópolis y sus provincias. Estas proporcionaban las materias primas como algodón, cobre y caucho que las potencias convertían en tejidos, electrónica y coches, y los vendían a la periferia. Ahora, la materia prima son los datos. Se necesitan enormes cantidades de datos para entrenar a la inteligencia artificial. Y estos datos fluyen hacia el centro del imperio, que los convierten en aplicaciones y productos tecnológicos que luego venden al resto del mundo, cerrando el círculo.

«Tenemos al espía en la mano: el móvil... Ni tu madre te conoce mejor que el algoritmo. La tecnología devalúa al ser humano. Lo domestica»

XL. ¿Dónde está ese centro en la actualidad?

Y.N.H. Hay dos: Estados Unidos y China. Las diez compañías más importantes son americanas o chinas. Y esto es malo porque, de nuevo, la mayor parte de la riqueza y el poder se concentra en muy pocos lugares. Una Europa unida debería intentar convertirse en un contrapeso. No hay ningún país europeo que por sí solo pueda competir con Google, Baidu, Tencent, Facebook...

XL. Estamos saliendo de una pandemia y ahora dicen que se avecina una época de escasez. ¿Podemos aspirar a ser felices o solo a sobrevivir?

Y.N.H. No deberíamos pensar en términos binarios. En tener lo uno o lo otro. Para resistir a una pandemia, hace falta un buen sistema de salud, y la salud mental es esencial y el bienestar social también lo es. Hemos visto que no solo es el virus el que amenaza a la gente, también la depresión, la ansiedad, la soledad, la desconfianza... Podemos ser felices, pero tenemos que escoger bien nuestras prioridades.


'Sapiens, los pilares de la civilización'

«La Edad de Piedra era más igualitaria. No había dictadores»

En su libro Sapiens. Una historia gráfica. Volumen 2: los pilares de la civilización (Debate) cuenta que el trigo nos domesticó, cuando creíamos que había sido al revés. Esta hierba silvestre se las arregló para extenderse por el mundo a nuestro lado.

Y.N.H. Sí. Y creíamos que íbamos a vivir mejor, pero nuestras existencias empeoraron... La Revolución Agrícola fue un fraude. Hace unos diez mil años llevábamos una vida bastante cómoda y, en un par de milenios, no hacíamos otra cosa que cuidar de la cosecha de sol a sol

XL. La agricultura también trajo hambre, lo que resulta paradójico.

Y.N.H. Lo que sucedió fue que la agricultura llevó a una explosión demográfica. Y cada vez hubo más campesinos no porque la gente lo eligiera, sino porque ese excedente de población arrinconó a los cazadores recolectores. Pero nadie se podía imaginar las consecuencias de esta transición. Nadie sospechaba que las epidemias también eran la consecuencia de la Revolución Agrícola, que propició el hacinamiento.

XL. Hablemos de los pilares de la civilización: gobiernos y escritura también aparecieron con la Revolución Agrícola.

Y.N.H. Los reyes y la burocracia son recientes, en términos de evolución. Los humanos han existido desde hace dos millones de años y se las apañaron sin gobernantes la mayoría de ese tiempo.

XL. ¿Pero no es mejor ser civilizado que un salvaje?

Y.N.H. Nos gusta imaginar que en las sociedades de la Edad de Piedra había un jefe. Pero es un error. Fueron las sociedades más igualitarias de la historia. No había dictadores en esa época. Si alguien intentaba someter a los demás, podían matarlo por la noche. O marcharse... Con la agricultura no te puedes mover. Todos dependen de sus campos. Y si un gobernante los oprime no pueden huir.

www.elcorreo.com/xlsemanal


 

 

 

«Sangre de Hispania fecunda» - Andrés Amorós

                                                    Andrés Amorós, autor de este artículo

«Releo ahora algunos poemas de Rubén Darío a la vez que escucho voces ignorantes y sectarias, contra la Hispanidad. La noble retórica del poeta ya no está de moda, por desgracia, pero sigue absolutamente vivo y debe seguir guiándonos su mensaje: la perenne esperanza en la ‘sangre de Hispania fecunda’»


 
  
Rubén Darío

 

Hace muchos años, un rey de Suecia y Noruega, Óscar II, aficionado a la poesía, que había traducido a su idioma algunos poemas sobre El Cid y estaba de viaje por el sur de Francia, cruzó la frontera por Hendaya y, al pisar suelo español en Fuenterrabía, gritó: «¡Viva España!». La anécdota la recogieron los principales periódicos franceses y, lógicamente, tuvo mucho eco en España. Uno de nuestros poetas le dedicó al rey sueco un poema, agradeciéndole su gesto, en nombre de los héroes de nuestra historia:

«Sire de ojos azules, gracias: por los laureles / de cien bravos vestidos de honor (...) / por Lepanto y Otumba; por el Perú, por Flandes; / por Isabel que cree, por Cristóbal

 que sueña / y Velázquez que pinta y Cortés que domeña (...)/ por el león simbólico y la Cruz, gracias, Sire».

Si a algún insensato poeta español se le ocurriera escribir hoy algo semejante, probablemente lo tildarían de fascista y franquista. No encajarían las fechas: el gesto del rey Oscar II lo divulgó el periódico ‘Le Figaro’ en marzo de 1899, cuando todavía no había nacido el fascismo y cuando Franco tenía la tierna edad de siete añitos. A ese hipotético poeta, además, probablemente le sugerirían, desde el Vaticano, que pidiera perdón, por las referencias a los conquistadores.

También es posible que lo acusaran de rancio, localista y provinciano. En realidad, él escribía en español pero ni siquiera había nacido en España, sino en Metapa (Nicaragua) y se llamaba Félix Rubén García Sarmiento; su nombre literario, Rubén Darío. En ese momento, contaba treinta y dos años y había publicado ya dos libros decisivos, ‘Azul’ y ‘Prosas profanas’, que trajeron a España el modernismo: la gran renovación de nuestra lírica, influída por la poesía francesa de los parnasianos y simbolistas. Por eso, en su tiempo, algunos llegaron a acusarlo de todo lo contrario, de cosmopolita y afrancesado.

Lo resumió certeramente Carlos Bousoño en ABC, en 1988, con motivo del centenario de ‘Azul’: «Rubén Darío es el origen verdadero de toda la poesía en lengua española de nuestro siglo».

Por primera vez vino a España en 1892, con motivo del centenario del descubrimiento de América. La segunda vez, en el año que da nombre a la generación del noventayocho, de cuyas primeras figuras se hizo gran amigo; sintió, con ellos, una honda preocupación por la regeneración de España y por el futuro de Hispanoamérica. Por eso, concluyó su poema ‘Al rey Óscar’ con un mensaje de esperanza, en rotundos alejandrinos:

«¡Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire, / mientras la onda cordial alimente un ensueño, / mientras haya una viva pasión, un noble empeño, / un buscado imposible, una imposible hazaña, / una América oculta que hallar, vivirá España!».

Comenta Pedro Salinas, en un libro magistral, desde el exilio: «Pocas tiradas de poesías habrá escritas tan noblemente en castellano para exaltar a un pueblo en sus obras y en sus días, siglo tras siglo, que las fueron viendo nacer».

Como precisó mi amigo Guillermo de Torre, Rubén no se consideraba poeta de Nicaragua, ni de El Salvador, ni de Chile, ni de la Argentina, ni siquiera de España. ¿De dónde, entonces? Así se definía, en uno de sus poemas: «Soy un hijo de América, soy un nieto de España». Y, a propósito de los ‘Cantos de vida y esperanza’, su gran libro: «Español de América y americano de España». Y remachaba: «¡Hispania por siempre!».

El amor a España le inspiró alguno de sus mejores poemas. En 1904, cinco años después de haber dado las gracias al rey de Suecia, se dirige Rubén en un tono muy diferente a Roosevelt, el presidente de los Estados Unidos. Opone los valores de la América española a los de una civilización yanqui, basada en la fuerza y en el dinero:

«Eres los Estados Unidos, / eres el futuro invasor / de la América ingenua que tiene sangre indígena, / que aún reza a Jesucristo y aún habla en español».

Presenta a Roosevelt como un «profesor de energía», un símbolo del poder arrollador. Le opone la más sencilla negativa, un solo verso de una sola sílaba, que adquiere, así, una fuerza impresionante: «No». También le advierte de que, pese a todo, no ha muerto «la América fragante de Cristóbal Colón, / la América católica, la América española (...) esa América vive. / Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol. / Tened cuidado. ¡Vive la América española! / Hay mil cachorros sueltos del León Español!».

Se esfuerza Rubén en transmitir esperanza a los pueblos hispanos de uno y otro lado del Océano. Para un empeño tan noble, busca una forma suficientemente solemne, tomando como modelo el hexámetro clásico; es decir, sustituir nuestros versos, de igual número de sílabas -las «sílabas contadas» del ‘Libro de Alexandre’ -por otros versos, basados en la repetición de los acentos rítmicos. Es una revolución sin precedentes, en nuestra métrica, que él utiliza para condenar solemnemente nuestra tendencia al pesimismo:

«¿Quién será el pusilánime que al vigor español niegue músculos / y que el alma española juzgue áptera y ciega y tullida?».

Desemboca esta ‘Salutación del optimista’ en una exhortación a la esperanza, dirigida a todos los pueblos hispánicos:

«Únanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos; / formen todos un solo haz de energía ecuménica. / Sangre de Hispania fecunda...».

Se sentía Rubén profundamente americano porque se sentía radicalmente español. Lo dijo en un poema:

«Y yo, nada concibo y nada veo / sino español por mi naturaleza».

En el prólogo a ‘Prosas profanas’, evoca Rubén cómo «el abuelo español de barba blanca me señala una serie de retratos ilustres». Ellos representan lo mejor de nuestra cultura, aquello de lo que debemos sentirnos legítimamente orgullosos.

Todo esto culmina en una figura ejemplar, que simboliza lo más valioso que ha dado España a la cultura universal: Alonso Quijano el Bueno. En su hermosísima ‘Letanía de nuestro señor don Quijote’, Rubén Darío lo canoniza poéticamente, lo convierte en nuestro santo patrón, el que ha de ayudarnos, en medio de tantas miserias:

«Rey de los hidalgos, señor de los tristes, / que de fuerza alientas y de ensueños vistes, / coronado de áureo yelmo de ilusión, / que nadie ha podido vencer todavía, / por la adarga al brazo, toda fantasía, / y la lanza en ristre, toda corazón».

Releo ahora estos poemas de Rubén Darío a la vez que escucho voces ignorantes y sectarias contra la Hispanidad. La noble retórica del poeta ya no está de moda, por desgracia, pero sigue absolutamente vivo y debe seguir guiándonos su mensaje: la perenne esperanza en la «sangre de Hispania fecunda». 

Fuente: abc.es

 

sábado, 13 de noviembre de 2021

El elefante verde a la derecha del PP - Marcial Gascón Barberá


 

Gracias a los buenos oficios publicitarios de la tuitera Ferrepelente, el otro día vi por fin un vídeo entero de Un Tío Blanco Hetero. Con más de 380.000 suscriptores, UTBH es uno de los youtubers españoles anti-woke de más éxito. Aunque el estilo frenético –propio del gremio, supongo– me resultó algo cargante, casi todo lo que dijo me pareció de sentido común, y animo a los lectores a seguirle.

Una de las cosas que hizo en el vídeo fue criticar al PP por su propuesta de prohibir el anonimato en Twitter. UTBH, que empezó sin revelar su nombre pero ya no es exactamente anónimo, recurrió a su propio caso para explicar los beneficios de opinar enmascarado.

En nuestra sociedad vigilada por la policía progre, la toma de posición más inocente puede costarte el trabajo, los amigos y una ejecución social que antes sólo sufrían los peores criminales. Prohibir el anonimato, vino a decir el youtuber, no sólo es un atentado en abstracto a la libertad de expresión. También servirá de parapeto al poder para evitar las denuncias y críticas de una parte de la población que, por temperamento o circunstancias, no se permite expresar a cara descubierta opiniones prohibidas.

"Un minuto de silencio por la ilusión de todos los que creían que el PP tenía aspiraciones de convertirse en un partido liberal", dijo UTHB sobre la actitud del principal partido de la oposición, al que acusó de hacer prácticamente lo mismo que hicieron el PSOE y Podemos cuando declararon la guerra a los memes y los bots al principio de la pandemia. "Que el PP no entienda esto y quiera seguir por la misma vía que Sánchez y Podemos", concluyó el youtuber, "evidenciaría un poco que estamos en este aspecto en un caso de distinto collar pero mismo perro, que a fin de cuentas me podrían parecer unas píldoras de realidad para hacer ver que la salvación de este país no está en la mano de los políticos, está en la mano de todos y cada uno de vosotros".

El razonamiento no es necesariamente errado, pero ¿no les parece que falta algo? Lo lógico después de descartar al PP como alternativa a PSOE y Podemos sería ocuparse de Vox. Casado nos ha fallado, vale, pero en la vitrina de al lado se expone una mercancía que aspira a llenar el hueco que ha dejado la deserción del PP.

Es perfectamente comprensible que a alguien no le convenza lo que ofrece Vox, pero resulta raro entre quienes predican el pensamiento libre que ni siquiera se contemplen sus planteamientos, sobre todo cuando se han construido para responder al hecho luctuoso por el que pedía un minuto de silencio el youtuber.

He elegido el ejemplo de UTBH en este vídeo porque fue el que me inspiró la reflexión que acabo de escribir, pero el reproche podría hacerse a multitud de miembros muchos más ilustres del commentariat patrio. Me refiero a todos aquellos que, normalmente citando a autores de fuera, alzan la voz contra el islamo-fascismo, la guerra de sexos o la locura de la autodeterminación de géneros y al mismo tiempo actúan como si aún no hubiera una opción política en España consciente de esos males y dispuesta a combatirlos.

Según la Wikipedia, la locución en inglés the elephant in the room, el elefante en la habitación, es "una expresión metafórica que se refiere a un asunto" polémico de gran importancia que nadie quiere abordar por miedo al estigma personal, social y político que acarrearía hacerlo. Vox es, en este sentido, el elefante verde a la derecha del PP: es el único partido en España que plantea una respuesta a nuestros problemas de más importancia, pero algunos de nuestros mejores intelectuales y columnistas lo excluyen por sistema del abanico de opciones disponibles y prefieren hacer como si no existiera.

Fuente:libertaddigital

- Seguir leyendo: https://www.clublibertaddigital.com/ideas/tribuna/2021-11-13/marcel-gascon-barbera-el-elefante-verde-a-la-derecha-del-pp-6835681/

viernes, 12 de noviembre de 2021

No es Teo, es Pablo - Rafael Bardají


 

No es un buen momento para llamarse Pablo si se está en política y en España. De Iglesias a Casado. Me hace gracia cuando los mismos que le otorgaban el poder omnímodo a Iván Sánchez, le otorgan credibilidad y autonomía política a ese campeón de lanzamiento de güitos de aceituna y premio al teleco del año por Murcia que es Teodoro García Egea. A él se le atribuye la encarnizada lucha sin piedad contra la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. En exclusividad. Pero al igual que con el supuesto Rasputín de Sánchez, se vuelven a equivocar con Egea. No es él, sino su jefe, Pablo Casado, el que anda detrás de todos los líos. Teodoro no hace nada que su jefe no le pide o apruebe. Igual sucede con Carromero, el del accidente y la cárcel en Cuba, y por cuya liberación se desvivió en su día Pablo Casado a quien le debe su actual carrera política. No hay pitufito que se mueva alegremente sin el beneplácito del abuelo pitufo.

La estrategia pueril de distanciar las acciones de número dos de las decisiones del número uno, sólo aspiran a salvaguardar la imagen de Pablo Casado, poniendo distancia entre él y sus lacayos por si fuera necesario. Pero no deja de ser una táctica penosa, pues es él mismo el que queda de pusilánime dejando que las cosas se le escapen de las manos, de débil por no parar a unos u otros, o de tonto de remate que no se entera de lo que está en juego. 

España sólo podrá cambiar el día en que el PP deje de ser el líder de la oposición y deje paso a una formación como Vox

Pero así están las cosas para el actual PP: Génova, esa sede en arresto de la que ya se han olvidado mudarse, no contempla potenciales rivales. Y la presidenta de Madrid, por circunstancias especiales, no puede dejar de ser la verdadera líder la oposición popular al Gobierno de Sánchez. Es lo que pasa cuando el líder del PP no cuenta con poder territorial alguno y sus barones sí. Sea como fuere, Casado siempre lo ha pensado: su PP es una tercera vía entre Madrid y la Galicia de Núñez Feijoo. Sólo que ahora, movido seguramente por unos celos descompuestos, se inclina más por la tibia vía gallega que por la ardorosa de Madrid.

Yo, que quieren que les diga, me apena y me alegra al mismo tiempo. Me apena porque pone otra vez más de relieve que la actual dirección del PP no es quien para salvar a España de la múltiple crisis actual. Y me alegra porque con sus tonterías sólo puede beneficiar a Santiago Abascal. Y me reafirmo en lo que siempre he creído y dicho: España sólo podrá cambiar el día en que el PP deje de ser el líder de la oposición y deje paso a una formación como Vox.

Pero también digo que a pesar de las estupideces que cometen los actuales dirigentes del PP, claramente de instintos suicidas, ese reemplazo no se va a producir de manera natural u orgánica. Vox tendrá que favorecerlo. No se puede apoyar al PP en sitios como Andalucía, donde su presidente ya se muestra en permanente peregrinación a la sede del PSOE andaluz para evitar una nuevas y esclarecedoras elecciones. No se debe alimentar la imagen de ser la muleta en la que se apoya el PP cuando lo necesita. 

Para que la crisis del PP no favorezca solamente a Sánchez, Vox tiene que prepararse para atraer a los nuevos descontentos con Génova. En que quiera y sepa hacerlo le va su futuro como alternativa real. 

 
 

lunes, 8 de noviembre de 2021

El muon, la partícula 'rebelde' que pone en jaque las leyes de la física


 

Ahora mismo usted está rodeado de muones que le atraviesan continuamente. Si el lugar en el que se encuentra está al nivel del mar, cada minuto llegan 10.000 muones por metro cuadrado. Más si está a mayor altitud.

El muon, un primo del electrón, es una partícula elemental subatómica (y por tanto, pequeñísima, más pequeña que un átomo), bien conocida por los físicos (se descubrió en 1936) y muy utilizada en sus experimentos para entender la estructura de la materia. O lo que es lo mismo, para comprender cómo funciona el mundo.

Esas leyes que, en definitiva, rigen la naturaleza están recogidas en una gran teoría madre formulada hace medio siglo que se llama Modelo Estándar de la física de partículas: "El Modelo Estándar clasifica todas las partículas elementales del mundo subatómico que conocemos y explica con precisión las interacciones entre ellas", resume Jesús Puerta Pelayo, doctor en físicas, que la describe como "la tabla periódica de las partículas subatómicas".

En 2012 se encontró la última pieza que faltaba en esa tabla: el bosón de Higgs, una partícula elemental cuya existencia había sido propuesta en los años 60 por Peter Higgs, François Englert y Robert Brout, fue descubierta en el mayor acelerador de partículas del mundo, el Gran Colisionador de Hadrones (LHC por sus siglas en inglés) del Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN). En sus faraónicas instalaciones subterráneas, en la frontera de Suiza y Francia, hacen chocar partículas a grandes energías para estudiarlas con mucha precisión.

Con el histórico hallazgo del bosón de Higgs se completó pues el Modelo Estándar, pero como vamos a ver, sólo temporalmente. "Esta teoría fue el mayor logro de la física teórica y experimental del siglo XX, pero sabemos que hay algo que falta y hay fenómenos que no puede explicar", apunta Puerta, investigador del CIEMAT y del experimento CMS del LHC.

El comportamiento del muon podría ser uno de ellos. Y un complejo experimento realizado en el laboratorio Fermilab, cerca de Chicago, arrojó la semana pasada la mayor prueba conseguida hasta ahora de que el muon podría no estar comportándose como debería hacerlo, o al menos, como el Modelo Estándar dice que debería comportarse. Esta supuesta anomalía ya se había visto en otros experimentos que arrojaron resultados parecidos pero con menos precisión, el más importante en Brookhaven (cerca de Nueva York), hace dos décadas.

Tan importante como intentar descubrir cosas nuevas es hacer medidas de precisión y ver dónde falla el Modelo Estándar, ponerlo a prueba para ver sus grietas

Jesús Puerta PELAYO, físico experimental (CIEMAT y CERN)

Ahora, unos doscientos investigadores de siete países han participado en el experimento Muon g-2, diseñado para medir con precisión una propiedad de los muones relacionada con su electromagnetismo llamada momento magnético. De forma simplificada, lo que han visto es que el muon es un imán más potente que el electrón, pero no debería ser así según la teoría del Modelo Estándar. Es decir, no se comporta en un campo magnético como cabría esperar de él.

Sus resultados se desviaron de las predicciones teóricas del Modelo Estándar en un 0,00000025%, una anomalía que puede parecer pequeña pero si se confirma - tienen que hacer más mediciones para asegurarse de que no ha habido algún error estadístico o de otro tipo- pondría en jaque al Modelo Estándar, una vez más.

Que el muon no obedezca a lo que postula el Modelo Estándar supondría que hay cosas que faltan en esta teoría, pero no saben qué, lo que abre la puerta a nuevas explicaciones: "Podría ser que el muon interaccionara con otras partículas, que están ahí pero no conocemos, o tratarse de una nueva fuerza de la naturaleza que desconocemos", apunta Puerta.

Representación del Modelo Estándar de la física de partículas
Representación del Modelo Estándar de la física de partículas

Piense en una caja de Lego llena de piezas a la que le falta el manual de instrucciones, y por tanto, no sabe cómo encajarlas. Pere Masjuan, del Instituto de Física de Altas Energías (IFAE) de la Universidad Autónoma de Barcelona, la compara con el Modelo Estándar: "Es un catálogo que nos da las piezas y una propuesta de las interacciones entre ellas, pero tienes que descubrir tú las reglas de juego, cómo montarlo. Si no nos cuadra el resultado del muon es que faltan piezas. Podría ser una quinta fuerza de la naturaleza (ahora se conocen cuatro, la electromagnética, la nuclear débil, la fuerza nuclear fuerte y la gravedad) o nuevas partículas, otros primos desconocidos del muon y del electrón", añade en entrevista telefónica Masjuan, uno de los 150 expertos que en 2020 publicó la Iniciativa de la Teoría del Muon g-2, un valor consensuado del valor teórico del momento magnético del muon.

Grietas en el Modelo Estándar

Esta partícula 'rebelde' ha abierto pues, una nueva grieta en esta teoría que se resquebraja porque ya acumula otras.

Entre esas otras grietas -los fenómenos que no puede explicar- destacan la existencia de la materia oscura y la energía oscura; por qué el universo crece de manera acelerada; por qué hay más materia que antimateria o por qué los neutrinos tienen masa. "Según el Modelo Estándar no deberían tenerla", dice Masjuan.

"Tampoco sabemos cómo encajar la gravedad en el Modelo Estándar", añade Puerta, que considera que "tenemos que ser muy modestos porque esta teoría explica la materia que vemos, que es un 4%. La mayor parte de la materia no podemos verla pero sí deducir su presencia porque interacciona gravitatoriamente y vemos su efecto a lo largo del Universo, por ejemplo, a través de cómo rotan las galaxias".

La posible anomalía del muon es una noticia maravillosa. Es otra prueba de que hay una física más allá del Modelo Estándar, que es lo que nosotros estamos buscando

Sven Heinemeyer, físico teórico (IFT/IFCA-CSIC)

Poner patas arribas las leyes conocidas de la física puede parecer un problema, pero a los científicos, la anomalía en el comportamiento del muon no sólo no les ha pillado por sorpresa sino que lo consideran algo bueno. Es más, Sven Heinemeyer, investigador del Instituto de Física Teórica (IFT/IFCA-CSIC), en Madrid, lo define como "una noticia maravillosa. Es otra prueba de que hay una física más allá del Modelo Estándar, que es lo que nosotros estamos buscando", asegura a través de zoom Heinemeyer, que hace dos décadas investigaba precisamente en el mencionado laboratorio de Brookhaven, en el que otro experimento con muones consiguió un resultado similar.

El resultado de Fermilab, confiesa este físico alemán afincado en España desde hace 15 años, le ha hecho "muy feliz porque 20 años después sabemos que no fue una medida errónea. Los dos experimentos son además bastante distintos, lo que refuerza los resultados. Lo único que tienen en común es el imán gigante por el que circulan los muones".

El muon es una partícula perfecta para retar al Modelo Estándar, por eso es una aliada de los físicos en experimentos como el de Fermilab: "Es bastante común, fácil de medir y proporciona señales muy limpias en nuestros aparatos de medida. A pesar de ser inestable está presente en la naturaleza, y en la radiación cósmica que llega a la atmósfera", explica Puerta.

"Tiene una masa 207 veces mayor que la del electrón pero la misma carga eléctrica. Vive muy poco tiempo, dos microsegundos, pero el truco es que si va acelerado vive mucho más y tenemos más tiempo para observarlo", añade Masjuan.

Vista aérea del laboratorio Fermilab, en el estado de Illinois (EEUU)
Vista aérea del laboratorio Fermilab, en el estado de Illinois (EEUU)EFE

En esta característica se basan los experimentos de Brookhaven y Fermilab. Ambos utilizan una especie de donut gigante con campos magnéticos muy fuertes que hacen que la partícula muon viaje casi a la velocidad de la luz, y viva más tiempo. "Como tiene carga eléctrica, el campo magnético hace que se curve y pueda dar varias vueltas, durante las que puedes ver cómo se comporta".

En física cuántica, dice Puerta, todo está basado en probabilidad. "En el experimento del muon, aunque estamos muy cerca aún no se puede asegurar que se comporte así, hay que recopilar más datos". Y es que otro estudio teórico publicado ese mismo día en la revista Nature parece proponer que una de las piezas que entran en el cálculo del Modelo Estándar sería ligeramente más grande que lo propuesto por la Iniciativa Teórica. Si es corroborado por otros grupos, supondría una desviación en el momento magnético del muón ligeramente menor.

En Fermilab se ha llegado a una discrepancia de 4,2 sigmas y se tiene que alcanzar 5 sigmas.

Y para eso, hay que repetirlo muchas más veces. "Si tienes un dado perfecto, cada vez que tiras hay la misma probabilidad de que te salga cualquiera de los seis lados. Pero si tiene algún fallo, por ejemplo que el lado del 5 tenga más peso, lo detectarás si lo tiras muchas veces. En 12 o 120 lanzamientos no es seguro. Conseguir 5 sigmas equivale a que haya una posibilidad de error de entre 3,5 millones, es decir, será extremadamente difícil que te hayas podido equivocar. Por eso lo que van a hacer en Fermilab, donde sólo se ha analizado el 6% de los datos, es tirar más veces el dado". Y para eso necesitarán varios años más de trabajo en Chicago pero también mediciones de un nuevo experimento que se está preparando en Japón, el acelerador J-PARC.

"Ahora hay una posibilidad entre 40.000 de que los resultados del muon se puedan explicar con el Modelo Estándar. Nos falta estar convencidos pero si persiste la discrepancia del muon, lo que pasará es que habrá que reescribir los libros de texto", dice Masjuan, que considera que estamos ante "un experimento que tiene gran relevancia porque llevamos 60 años haciéndolo en distintos institutos, con distintos experimentos. Yes un caso académico muy bonito porque todo lo que sabemos sobre la física de partículas entra en él".

"El Modelo Estándar es una teoría muy bonita que explica mucho y con mucho acierto, pero ya somos mayores de edad y estamos preparados para abandonarla y ampliarla. Hay muchos físicos buscando nuevas fuerzas de la naturaleza y nuevas partículas", dice el investigador del IFAE.

Precisamente una de las teorías con más posibilidades de reemplazar al Modelo Estándar es la supersimetría, en la que es especialista Sven Heinemeyer. "Más o menos para cada partícula del Modelo Estándar tenemos una partícula nueva supersimétrica, pero aunque las ha buscado, de momento el LHC no ha encontrado ninguna partícula supersimétrica, y esto ha supuesto una decepción", señala.

Desde que comenzó a operar el supéracelerador LHC, han descubierto medio centenar de nuevas partículas en el Gran Colisionador de Hadrones del CERN, pero sólo el bosón de Higgs es una partícula elemental (las otras 49 son compuestas, es decir, nuevas combinaciones de partículas elementales ya descritas en el Modelo Estándar), lo que, coincide Masjuan, supone "una cierta decepción" porque había muchas esperanzas puestas en lo que se podría 'ver' a tan altas energías.

Jesús Puerta, que investiga en el LHC, subraya sin embargo que "tan importante como intentar descubrir cosas nuevas, como nuevas partículas, es hacer medidas de precisión y ver dónde falla el Modelo Estándar, ponerlo a prueba para ver sus grietas".

Además, dice Puerta, "no hemos llegado al límite. Lo que va a hacer LHC en la nueva fase de alta luminosidad es conseguir muchas más colisiones por segundo. Es decir, tiraremos el dado con más frecuencia. Al obtener más colisiones por segundo, conseguiremos una foto de mejor resolución de la naturaleza, pero puede ser que el píxel que te llegue a dar el LHC no sea suficiente para ver cosas muy pequeñas".

Que existan partículas y fuerzas de la naturaleza desconocidas hasta ahora no nos va a afectar en nada en nuestra vida cotidiana, pero tenemos la necesidad de entender el mundo

Pere Masjuan, físico teórico (IFAE y BIST)

Si se descubriera una partícula fundamental, añade Puerta, "sería una revolución porque una de las explicaciones posibles podría ser que dicha partícula fuese la manifestación de una interacción no predicha por el Modelo Estándar, y una demostración directa e irrefutable de una nueva física".

Para Sven, sin embargo, las nuevas fuerzas de la naturaleza son casi lo mismo que nuevas partículas. "La mayoría de las teorías no contienen necesariamente fuerzas nuevas, podrían existir partículas nuevas con las fuerzas conocidas. También podrían interpretarse las nuevas partículas como fuerzas nuevas".

En esa nueva física hacia hay otros elementos que centran la atención, como la naturaleza de la materia oscura. Cuando se formuló el Modelo Estándar, ya se sabía de su existencia pero esta teoría no lo recogió: "Puede ser que la materia oscura esté integrada por partículas muy ligeras o muy pesadas. Ahora hay experimentos en tierra, como Xenon1T, Lux y PandaX, o LZ en el futuro, en los que utilizando tanques enormes que contienen elementos como el xenón o el argón, se buscan choques de materia oscura con materia normal, y la esperanza es que nos digan qué tipo de partículas tienen", explica Heinemeyer.

Por otro lado, dice Puerta, las investigaciones con ondas gravitacionales está proporcionando mucho conocimiento sobre la gravedad, otra de las grietas del Modelo Estándar.

Queda mucho trabajo por delante. "Los teóricos tienen que pensar en nuevas teorías o extensiones del Modelo Estándar, intentar encajar en nuevos marcos teóricos las observaciones que les damos los físicos experimentales. Y los experimentales tenemos que seguir exprimiendo y buscando esas grietas", dice Puerta.

"Hay un gran abanico de posibles nuevas teorías. La supersimetría explicaría muchas de las grietas del Modelo Estándar, como la materia oscura y la jerarquía de masas. La Teoría de Supercuerdas es muy bonita y explicaría de forma elegante muchos de los problemas que tenemos actualmente, pero es muy difícil de demostrar experimentalmente", añade.


Que existan partículas y fuerzas de la naturaleza desconocidas hasta ahora, reflexiona Masjuan, "no nos va a afectar en nada en nuestra vida cotidiana, pero cuando te haces una pregunta y no puedes responderla te genera frustración porque tenemos la necesidad de entender el mundo en el que vivimos. Da mucho miedo el abismo de la ignorancia y realmente vivimos en un mundo que no entendemos".

Fuente:www.elmundo.es

jueves, 4 de noviembre de 2021

Nucleares sin fronteras - Rafael Bardají

   Rafael Bardají





 Tengo que confesarlo: a mí, Greta Thumberg cada vez más me recuerda a Regan MaCNeill, la desvertebrada niña del exorcista. Igual mirada, igual odio, iguales bilis. La misma posesión, solo que ahora el diablo se viste de ecologista.

No hay nada malo en preocuparse por la salud del planeta. Pero puede ser mortal apuntarse a una agenda que sólo busca empobrecer al mundo occidental. Menos producción industrial, menos ganadería, menos agricultura, menos pesca, menos niños… Es verdad que con cada cumbre del clima se pone más de relieve el grado de cinismo de los actuales “ecolojetas”: 85 vehículos a gasolina de la comitiva del presidente Biden; los 400 jets usados por nuestros líderes para llegar y marcharse de Glasgow; la ausencia de los más contaminantes; la imposible factura a la que se comprometen alegremente nuestros gobernantes.

Hay dos verdades que siempre se nos ocultan. La primera, que no hay dinero suficiente en nuestras arcas para hacer esa cacareada transición ecológica y acabar con nuestra dependencia de los hidrocarburos y mucho menos para poner fin a la era del petróleo allende nuestras fronteras. Es más, si con todo decidiéramos hacernos el harakiri y dejáramos de comer carne, nos moviéramos andando, prescindiéramos de la electricidad, de los plásticos y de tantas cosas de consumo diario, estaríamos regresando a la Edad Media, periodo nada envidiable en términos de comodidad y esperanza de vida.

Que rechacen de plano la única forma de producir energía suficiente, barata y no contaminante, la nuclear, pone de relieve que su interés por salvar al planeta esconde algo

Pero la segunda gran ocultación es que gracias a nuestros sacrificios, quien se beneficia no es el planeta, sino los países que venden ese  petróleo que nosotros no queremos pero que el resto del mundo, sí. Casualmente, una buena parte de los productores de petróleo no son democracias, sino todo lo contrario y usarán su ventaja económica para imponerse sobre nosotros. Desde Rusia a Irán. Mientras, los ambiciosos, como China, continuarán consumiendo y contaminando porque no quieren renunciar a su marcha hacia la riqueza y la hegemonía mundial. 

La única opción razonable para preservar el planeta a la vez que nuestro nivel de vida, no es bailar al son de la niña Thumberg, sino reconocer que la única energía barata, limpia y eficaz es, hoy en día, la energía nuclear. Es más, hoy las centrales nucleares son más seguras que nunca antes. Si Chernóbil se produjo fue a causa de la corrupción del sistema soviético. Y Fukushima por un maremoto que mató a decenas de miles de japoneses. Y, con todo, Japón ha sabido recuperarse en un tiempo récord.

No nos autoengañemos. Ni el cambio climático es el Apocalipsis, ni la agenda para luchar contra él es eficaz. Para lo que sí va a servir es para hacernos la vida imposible

Que los defensores de la lucha contra el cambio climático rechacen de plano la única forma de producir energía suficiente, barata y no contaminante, la nuclear, pone de relieve que su interés por salvar al planeta esconde algo, su deseo oculto de hacer pagar a Occidente por algo de lo que no somos los responsables. Al menos no de manera exclusiva. El ecologismo es hoy una ideología explotada por los enemigos de la libertad, la prosperidad y la sociedad occidental. Nada más y nada menos. Y con esa perspectiva hay que juzgarlo.

A mi me gustan los coches Tesla pero no porque no contaminen (su proceso de producción es tan contaminante como cualquier otro), sino por toda otra serie de razones, desde la estética hasta mi apoyo a la figura de Elon Musk. Pero no pienso que los coches eléctricos representen más que un gesto insignificante para la salud de la Tierra. ¿Cuántos harían falta y durante cuántas horas para compensar los vertidos a la atmósfera del volcán de La Palma? 

No nos autoengañemos. Ni el cambio climático es el Apocalipsis con el que algunos nos amenazan (y en el que evidentemente no creen nuestros gobernantes a tenor de su comportamiento) ni la agenda para luchar contra él es realmente eficaz. Para lo que sí va a servir de verdad es para hacernos la vida imposible. Y cara. Pero no porque lo exija el planeta. Sino porque eso es lo que quieren los anticapitalistas y los autócratas de este mundo.

Fuente: www.gaceta.es

El nuevo 'Open Arms' - José García Domínguez


                                                                 José García Domínguez


Leo en la prensa regional que la entidad humanitaria que utiliza el antiguo buque remolcador Open Arms en operaciones de rescate en alta mar para el ulterior transporte a las costas españolas de inmigrantes ilegales procedentes de África (ya más de 7.300 según la propia organización) acaba de dotarse de una nueva embarcación. Construida en Dinamarca, la flamante nave recién salida de los astilleros, que va a llevar por nombre Open Arms Uno, posee 66 metros de eslora, 15 de manga y una cubierta de 353 metros cuadrados, espacio suficiente -informa la oenegé- para acoger a más de 300 personas en cada travesía.

Acto seguido, y en las planas del mismo diario local barcelonés, acusó recibo de que un extenso trabajo de campo realizado por otra oenegé, la Fundació Arrels, cuantifica en 4.800 a los mendigos que todas las noches del año duermen a la intemperie en las aceras y jardines públicos de la capital catalana. La mayoría, hombres de edades en torno a los 45 años. Por lo demás, el 70%, extranjeros. Uno de cada nueve de ellos hace ya más diez años que literalmente se arrastra en esas condiciones extremas, concluye el estudio. Una asociación humanitaria los trae, pues, y otra asociación humanitaria certifica luego las condiciones de indigencia e indignidad en que se desarrolla su existencia aquí, en Europa. Si bien nadie parece establecer relación alguna de causa y efecto entre ambas realidades.

Ocurre que la economía no es una cuestión de buenos sentimientos, sino de racionalidad pragmática. Y resulta que, según las últimas estimaciones demográficas, las correspondientes a 2020, en África el número de habitantes rondaría ahora mismo una cifra próxima a 1.320.000.000. De ahí que únicamente existan tres soluciones viables al aluvión migratorio ilegal, tres y solo tres. O desmantelar el estado del bienestar, la primera. O, la segunda, crear dos castas que dividan la población entre los nativos, que disfrutarían de todos los servicios públicos, y los no nativos, que quedarían excluidos. O, tercera, impedir haciendo uso de la fuerza legítima del Estado que el Open Arms Uno deposite a un solo inmigrante ilegal más en suelo español. Desengáñense los adanistas, no existe ninguna otra. Ninguna.

Fuente: www.libertaddigital.com

Thank yo


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